24 de mayo de 2014

CRÍTICA | X-MEN: DÍAS DEL FUTURO PASADO (2014)

James McAvoy y Patrick Stewart en X-Men: Días del Futuro Pasado
Luego de dar un paso literal hacia atrás, la franquicia de X-Men recibió el respiro que necesitaba gracias al trato de Matthew Vaughn en X-Men: Primera Clase, siendo madura, diferente y dueña de una cuota de seriedad. La consigna de X-Men: Días del Futuro Pasado es olvidar dichos cambios y volver a corromper su franquicia en los brazos del cine de superhéroes, aumentando el tamaño e infestado sus esquinas con cientos de personajes. Con esas apuestas de por medio, el regreso de Bryan Singer a la serie mutante aun es capaz de superar sus contratiempos, combinado lo mejor de dos mundos en un ágil e inteligente entretenimiento que nunca se detiene, y nunca esperas que lo haga.

Introduciendo un mundo post apocalíptico protagonizado por los mutantes contemporáneos, la Tierra se ve devastada ante una solución en contra de la sociedad mutante. Frente a la amenaza de los Centinelas, androides construidos para exterminarlos, los X-Men han sido eliminados uno por uno, topándonos con los últimos sobrevivientes en un remoto templo de China. Estos pocos forajidos, incluidos Wolverine (Hugh Jackman), Magneto (Ian McKellen), el Profesor X (Patrick Stewart) y Sombra (Ellen Page), así como otros, se reúnen para dar un último esfuerzo e intentar acabar con esta guerra incluso antes de que comenzara.

Days of Future Past establece una evolución más en los poderes de Sombra, dándole la habilidad de enviar conciencias a sus cuerpos en el pasado. El año en la mira será 1973, donde el científico Bolivar Trask (Peter Dinklage), responsable de crear a los Centinelas, es asesinado por el mutante camaleón, Mystique (Jennifer Lawrence). Este evento desato la creación de los Centinelas modernos, aún más poderosos, inteligentes e imparables que los ideados por Trusk.

En sí, es un viaje en el tiempo bastante ingenioso si me preguntan. Ya que, el mismo es demasiado peligroso para una mente cualquiera, seguro destrozándola durante el camino. Entonces, ¿Cuál es la única mente capaz de regenerarse? Wolverine es el elegido para viajar en el tiempo, donde deberá reunir a los jóvenes Charles Xavier (James McAvoy) y Erik Lehnsherr (Michael Fassbender) para detener a su aliada mutante de cometer un simple acto, el cual condenara a su especie a la oscuridad.

Debe ser señalada la cantidad de tiempo necesaria para exponer la trama con un poco de detalle. La misma es notablemente más extensa que lo presentado arriba, y entre ello y la cantidad excesiva de personajes mencionados, y por mencionar, es asombroso como este film consigue ponerlos a todos en el lugar correcto. No solo sabe tratar a sus personajes, sino que nunca defrauda la calidad de su intrigante idea, sin caer en lo complejo de la misma pero manteniendo su ritmo para que evitar detenernos en sus baches, notorios solo una vez que la historia llega a su fin.

Por más que combine ambas líneas de tiempo, saltando entre ellas con astucia, Días del Futuro Pasado es esencialmente una secuela a X-Men: Primera Clase y un efectivo de limpieza para la franquicia en general, la cual ha recibido algunos golpes durante los últimos 14 años. Pero dejando que eso último forme parte de la experiencia, si puedo agradecer el hecho de que el film base sus principales acciones en los 70. Es casi el escenario perfecto en papel y escena, reuniendo una vez más a McAvoy y Fassbender a medida que chocan como lo jóvenes líderes de los X-Men.

Hugh Jackman, Nicholas Hoult y Michael Fassbender en X-Men: Días del Futuro Pasado

Volviendo a comandar la pantalla, Fassbender capta una vez más la sombría y poco confiable actitud de Magneto, enseñando que incluso 10 años después, él no ha cambiado. Ahora, Charles Xavier, él es diferente, viendo a James McAvoy afrontando los incontables reveces que ha sufrido desde que perdió la capacidad de mover su piernas. Además de oír acerca de dicho sufrimiento en el pasado, el actor lo refleja en su cara constantemente, dejando que sus cambios de parecer sean tanto difíciles como creíbles. Tampoco molesta saber que la mejor escena de la cinta este centrada en McAvoy y Patrick Stewart a medida que tienen una conversación sobre el precio de luchar por lo que es correcto. A falta de uno claro, aun creo que el protagonista del film es Xavier, y esa si fue una sabía decisión.

Acerca de aquello rodeando a los mutantes modernos, la mayoría es exposición para encender la trama, o acción, orquestando algunas de las mejores secuencias de combate de la película, y probablemente de lo que va del año. Volviéndose muy inventivos con cada superpoder, cada personaje sabe cómo usar al máximo sus poderes, resultando en momentos muy memorables, entre los que el uso de un par de portales violetas llama principalmente la atención.

Si hablamos de poderes, la adición de Quicksilver (Evan Peters) a la franquicia es de las más resonantes gracias a su particularidad, siendo la persona más veloz del planeta, y con diferencia. Por más que sea divertido verlo pasar desapercibido por doquier, una secuencia en particular nos regala la mejor visión de rapidez, dejando que lo veamos de la forma más lenta posible. Uno queda asombrado, a la vez que sonríe, y eso ya cubre la cuota de superproducción diseñada para disfrutar.

Centrado en ese cine taquillero general, al igual que First Class, Days of Future Past se valora mejor por su argumento y conflictos, que por sus escenas de acción. Sin ir más lejos, toparnos con un climax claramente grande que no consiste en una gigantesca batalla es reconfortante. Si hay destrucciones y momentos que lucen los poderes mutantes, pero todos ellos empujan la historia adelante, no solo nos distraen por un momento entre golpes sin fin. No hay nada más que apuestas altas en este último acto, y si bien no evoca la tensión e involucramiento de su predecesora, si se acerca, jugando con elementos similares pero con resultados diferentes.

Fuera de la pantalla, uno puede sentir el regreso de Bryan Singer detrás de la cámara, quien tras abandonar a los mutantes en 2003 con la memorable X-Men 2, provoco un descenso de calidad para la franquicia. Aun habiendo querido ver a Matthew Vaughn dirigiendo esta secuela, Singer demuestra ser la elección necesaria para la serie, siendo aquel que la inicio. No solo hace un trabajo estupendo, el director declara ingeniosamente que esta franquicia le pertenece, y viendo como aborda el material, probablemente tenga algo de razón. Incluso si mi capitulo favorito siga siendo aquel dirigido por Vaughn.

Utilizando viajes en el tiempo para asegurar su futuro, X-Men acierta su siguiente paso y hace todo lo posible para unir sus capítulos en una sola línea de tiempo. Algo complejo, sabiendo que hay decenas de incoherencias entre ellos, pero la clave de Days of Future Past está en agilizar todos sus momentos cuestionables, de forma que ninguno pueda ponerse en duda. Así es como el buen ritmo, la inventiva acción y un excelente porcentaje de drama la hacen una experiencia ideal en esta serie mutante, la cual, podría despedirse satisfactoriamente desde este punto.

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